¿Universidad?
Cuestionando y ….
POR UNA UNIVERSIDAD REALMENTE CULTA
Cuando me dirijo a un estamento burocrático y la respuesta reiterativa es “de buena fe”, yo, quien por mi oficio es cuestionar, dudar (hacer preguntas es la base de la universidad; preguntar para activar el pensamiento), comienzo a sospechar. Quien desee cotejar el documento puede solicitarlo por el principio de transparencia, pero no puedo publicarlo porque “el derecho” está lleno de tecnicismos.
Las argucias de lo torcido se comprometen al engaño. Ante el reclamo de la calidad educativa, la respuesta pone de manifiesto la falta de parámetros de lo que implica ofrecer calidad en la educación, pues el discurso se centra en el derecho constitucional de proveer “educación para todos”, olvidando que esta ha de ser de calidad.
Un rector, cuya administración ha sido cuestionada, se inventó la “Procuraduría de los derechos académicos”, cuya función es ser:
…se custodien y defiendan los derechos de los estudiantes de la Facultad de Diseño, que si bien no implica atender una violencia evidente ni discriminación, sí afecta el derecho humano a la educación que “será de calidad, con base en el mejoramiento constante y el máximo logro académico de los educandos”.
Siguiendo el pensamiento universitario, me pregunto cómo se limita la legalidad y la equidad a la violencia(s) escolar y a la discriminación. La ley, como invento moderno, se formula sobre el principio de racionalidad, lo cual implica que se ha de cuestionar continuamente para que no sea un instrumento de las razones de unos pocos y perjudique a los discriminados. La equidad, como principio tutelar (en el reconocimiento a la diversidad), requiere que los universitarios, que de hecho son una diferencia, estén comprometidos con la tolerancia de diferentes cosmovisiones; pero, siguiendo la capacidad de duda que implica ser universitario, ¿hasta dónde se tolera?… como le respondía a la “procuradora”: ¿la ablación es justificable bajo el discurso “intercultural”?
Tanto preámbulo para dar un contexto al reclamo de los derechos académicos y a la respuesta. La violencia no es necesariamente de género y la equidad hay que sopesarla de manera generosa. Cuando me dirigí a la procuraduría de los derechos académicos solicitando
…la instancia que, de manera imparcial e independiente, tiene como propósito fundamental tutelar únicamente los derechos académicos del estudiantado y del personal académico de la universidad, conforme a la legalidad y la equidad. Esto significa que es la instancia que atenderá las violencias de tipo escolar y de discriminación.
Esta solicitud la llevé a las instancias que consideraba pertinentes, pues al manifestar mi inquietud acerca de qué se debía considerar en una facultad de diseño, se banalizaron mis reclamos respecto a que se considerara la participación en representación de la facultad, con el estereotipo de la catrina en una comparsa gubernamental para “fomentar el turismo”, y posteriormente se realizara otra alegoría para Navidad con los renos de Santa Claus.
Mi buena fe se transformó en ingenuidad al recibir la respuesta a mi reclamo, pues resulta que la interculturalidad que impone la globalización justifica que la estandarización no sea puesta en duda por los docentes, tolerando y promoviendo el simbolismo de los renos navideños como parte de los parámetros críticos que los universitarios han de tener respecto a un mundo mejor, a una dinámica cultural que nos haga un mejor género.
Como le manifesté a la secretaria académica, es importante hacer una diferencia entre lo que es “cultura popular” y “cultura para el pueblo”. No entro en dilemas antropológicos, pero lo popular, con lo que implica elaboración simbólica y prácticas comunes, en México va más allá de Posada y Rivera; el pueblo morelense es rico en identidades vinculadas a los “aires”, al “mal de ojo”, a las limpias y a un chamanismo vivo. La identidad simbólica se puede rescatar como conciencia de una facultad de diseño y no delegar su representatividad a la agenda gubernamental, gesto que compromete de fondo la autonomía universitaria. La interculturalidad de la globalización se vive desde la globalización española de Carlos I y Felipe II, sincretismo que es parte de la vida mexicana, en un pueblo de arraigos; igual en en los charolastras y desarrollos urbanos como Santa Fe en CDMX, y similares en Monterrey y Guadalajara. La interculturalidad universitaria ha de ir mucho más allá de Rudolph, Prancer, Dancer, Dasher, Comet, Cupid, Vixen, Blitzen y Donner.
¿HAY DERECHO?
